10485336_625487464219733_200129352782718078_o2Co 4:7  Pero esta riqueza la tenemos en nuestro cuerpo, que es como una olla de barro, para mostrar que ese poder tan grande viene de Dios y no de nosotros.
2Co 4:8  Así, aunque llenos de problemas, no estamos sin salida ;tenemos preocupaciones, pero no nos desesperamos.
2Co 4:9  Nos persiguen, pero no estamos abandonados; nos derriban, perono nos destruyen.
2Co 4:7 Pero tenemos este tesoro en vasos de arcilla, para que sea evidente que este poder abrumador viene de YAHWEH,[17] y no de nosotros.
2Co 4:8 Tenemos toda clase de tribulaciones, mas no somos quebrantados; estamos turbados, mas no desesperados;
2Co 4:9 perseguidos, pero no abandonados; atropellados, pero no destruidos.
[8] 4.7 Era común guardar el tesoro o las riquezas en vasijas de barro cocido, materia corriente y frágil.
[9] 4.8 2 Co 1.8; 7.5.
[10] 4.8 En apuros, pero no desesperados: juego de palabras en griego; una aproximación en castellano podría ser estamos oprimidos, pero no exprimidos.
«Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros»
El mensaje de la salvación y los resultados que ésta produce son gloriosos y divinos. Pero en contraste, los portadores de dicho mensaje, son personas frágiles, débiles, mortales. En este aspecto, podemos decir que la vida del apóstol Pablo se caracterizó por un profundo sentido de su indignidad, de su falta de mérito, ante la grandeza del mensaje que proclamaba. Y él mantuvo siempre vivo ese contraste, para que nadie pudiera cuestionar, el origen del Evangelio y su carácter, como una obra de Dios y no de los seres humanos. Nosotros somos simplemente vasos de barro. El cuadro que se nos presenta aquí es vivo y claro.
La palabra que se utiliza aquí para indicar barro es «ostrakinos», y es en ese material que los arqueólogos están excavando hoy. En el Líbano, en la zona de Tiro, hay un lugar donde existe una gran excavación.

Es el lugar donde Alejandro Magno rellenó una zona entre la costa y una isla formando una península. En la actualidad se puede caminar de un lugar a otro, donde ahora se está llevando a cabo excavaciones. Y se puede ver a su alrededor muchos trozos de utensilios de alfarería. En ese lugar hay toda clase de vasos de barro. Y con esos frágiles vasos de barro, una alfarería que puede romperse fácilmente, se nos compara a nosotros aquí.
Pero nosotros tenemos un tesoro; ahora, ¿cuál es ese tesoro? Es el evangelio glorioso y lo llevamos en nuestros pequeños y viejos vasos de barro. Es por tal motivo que el apóstol dijo en el versículo 5 de este capítulo: «no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor». Nosotros somos siervos por amor a Jesucristo. A veces tenemos sueños de grandeza, incluso en el ministerio cristiano, pero a la hora de la verdad, incluso considerando nuestra biografía, somos sólo siervos. Y aquí cabe destacar que no nos gusta que nos traten como siervos. Pero, francamente, el reconocimiento de que somos siervos es lo mejor que puede decirse de nosotros. Por lo tanto Pablo decía: «tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros».
Estimado oyente, esto es lo que necesitamos que ocurra en la actualidad. Figurativamente hablando, desde un punto de vista espiritual, necesitamos que se quiebre la vasija o el cántaro de barro. El apóstol Pablo fue un hombre que supo lo que implicaba sufrir por causa de Jesús, y que su vasija se quebrase.
El problema hoy es que no hay mucha gente dispuesta a pasar por esa experiencia. El profesor de un seminario solía decir a sus alumnos: que cuando alguien nace, alguna persona tiene que sufrir. En el mundo espiritual también sucede así. Y el motivo por el que más personas no experimentan un nuevo nacimiento espiritual es que no hay muchos dispuestos a pasar por todas las dificultades y dolores que un nacimiento implica. Se habla mucho sobre testificar, de dar testimonio de la fe. Pero esa labor exige pagar un precio, y no precisamente un precio material. En el sentido espiritual, pues, la vasija de barro debe ser quebrada. En nuestra vida no podemos hacer las cosas a nuestra manera y, al mismo tiempo, a la manera de Cristo. Necesitamos entonces tomar una decisión sobre si hemos de seguir al Señor Jesucristo o no.