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La Unidad del Cuerpo de Cristo.

 

Act 21:3  Al avistar Chipre, dejándola a mano izquierda, navegamos a Siria, y arribamos a Tiro, porque el barco había de descargar allí.

Act 21:4  Y hallados los discípulos, nos quedamos allí siete días; y ellos decían a Pablo por el Espíritu, que no subiese a Jerusalén.

Act 21:5  Cumplidos aquellos días, salimos, acompañándonos todos, con sus mujeres e hijos, hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la playa, oramos.

Act 21:6  Y abrazándonos los unos a los otros, subimos al barco y ellos se volvieron a sus casas.

 

La renovación que da la congregación cristiana

21.2-3 Después de cambiar de embarcación en Pátara, Pablo y sus compañeros hicieron la travesía de más de 500 km por el Mediterráneo hasta Tiro, en la provincia de Siria.

Probablemente Pablo sabía que había creyentes en la ciudad (ver 11:19; 15:3) pero no sabía donde encontrarlos.

Hay que recordar que en aquel entonces las iglesias no tenían edificios; los cristianos se congregaban en casas particulares. El cambio de carga en Tiro permitió al grupo de Pablo quedarse estos siete días con los discípulos.

Aquí, como en Mileto, se observa un profundo cariño de parte de estos discípulos.

La unidad de la oración

21.4 ¿Desobedeció Pablo al Espíritu Santo yendo a Jerusalén? Tal vez no, pero parece que el Espíritu Santo advirtió a estos creyentes del sufrimiento que Pablo enfrentaría en Jerusalén. Llegaron a la conclusión de que no debía ir debido al peligro existente. Esto lo respalda 21.10-12, donde los creyentes del lugar, después de escuchar que Pablo iba a los romanos, le rogaron que no lo hiciera.

El Amor fraternal

Después de orar juntos en la playa, tuvo lugar otra despedida semejante a la de Mileto.

 REGLAMENTO OBEDECIDO POR AMOR

Gracia llegó por primera vez a un internado para señoritas, donde iba a permanecer para poder estudiar en un colegio. Cuando se matriculó le dieron un reglamento por el cual las internas debían regir su conducta. A Gracia le pareció que el reglamento era irrazonable e inadmisible; y, delante de unas compañeras internas, con enojo y en alta voz se dijo: “¿Obedecerlo? ¡Como yo quiera!” En seguida se fue a su cuarto resuelta a no obedecer algunas de las partes de ese reglamento que a ella le parecía absurdo.A la hora de la cena, cuando García entró en el comedor, una amiga de ella la presentó con la directora del internado. Cuando se separaron de ésta, García exclamó dirigiéndose a su amiga: “¡Que mujer tan simpática! ¡Que sonrisa tan agradable!

¡Sentía yo como que la directora me atraía hacia ella!” Pasaba el tiempo, y la admiración y el cariño de Gracia para la directora iba aumentando, y sentía y pensaba que debía agradarle. Entonces, con sumisión, y casi sin esforzarse cumplía el reglamento; después, ya sin darse cuenta, con gusto lo cumplía por completo. Había triunfado el amor a la directora y al internado.  Autor Desconocido

 

Publicado por el 6/10/2018. Categoría: amistad, amor

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