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Restauración Espiritual.

Act 20:7  El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche.

Act 20:8  Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos;

Act 20:9  y un joven llamado Eutico, que estaba sentado en la ventana, rendido de un sueño profundo, por cuanto Pablo disertaba largamente, vencido del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue levantado muerto.

Act 20:10  Entonces descendió Pablo y se echó sobre él, y abrazándole, dijo: No os alarméis, pues está vivo.

Act 20:11  Después de haber subido, y partido el pan y comido, habló largamente hasta el alba; y así salió.

Act 20:12  Y llevaron al joven vivo, y fueron grandemente consolados.

La necesidad de conservar la comunión cristiana

El discurso de despedida de Pablo en Troas nos permite penetrar en la vida de las primeras iglesias gentiles del movimiento cristiano temprano (Frank Stagg). El primer día de la semana, o sea el domingo, la iglesia se reunió para partir el pan (v. 7). Puede ser que el partimiento del pan se refiera a una cena en conjunto o fiesta de amor de la iglesia, o a la cena del Señor, y tal vez se refiera a ambas cosas. La iglesia pudo haber celebrado una cena de compañerismo terminando con la celebración de la cena de Señor. No se sabe con claridad si la fiesta de amor y la cena del Señor se celebraban juntas o separadas. Como en la noche antes de la crucifixión Jesús inauguró la Cena, algunos han pensado que los cristianos primitivos podían haber celebrado la cena del Señor al finalizar el ágape.

El descuido origina la caída

Pablo prolongó el diálogo hasta la medianoche (v. 7). Había muchas lámparas (v. 8) que brindaban suficiente luz para la sala. Quizá el calor de las lámparas y el prolongado discurso contribuyeron para que Eutico, un joven que se había sentado en la ventana se durmiera profundamente. Normalmente, una caída desde el tercer piso es fatal. Pero el texto mismo no permite afirmar con certeza si estaba verdaderamente muerto (v. 9) y Pablo le restauró la vida, o si sólo había quedado inconsciente, creyendo todos que estaba muerto (v.10). Cuando regresaron a la habitación, Pablo partió y comió el pan. Y aún después de esto continuó sus enseñanzas hasta el amanecer. Al romper el alba, salió.

El poder restaurador del Señor Jesus

Como resultado de su caída desde tan alto, Eutico fue levantado muerto. El lenguaje no es ambiguo (como ocurre en 14:19, 20, donde la gente dio a Pablo por muerto) y es improbable que Lucas quiera significar algo que no sea una resucitación milagrosa de entre los muertos (al estilo de 9:36-43). 10 La resucitación se produjo de una forma más bien dramática, acorde con los milagros de Elías y Eliseo (1 Rey. 17:21; 2 Rey. 4:32, 33) y cuando la sanidad se produjo, Pablo anunció con alegría: ¡ … su vida está en él! 11 Sin perturbarse, partieron entonces el pan, referencia a la cena del Señor, y Pablo retomó donde había dejado y habló largamente hasta el alba. Después de todo lo ocurrido, ¡se podría imaginar que todos quedaron despiertos!

Frank Stagg nos ofrece algunos pensamientos pertinentes sobre este mensaje de despedida. En primer lugar (vv. 18-27) tenemos una defensa personal de su ministerio, recordándoles como se había comportado todo el tiempo desde el primer día que llegó a Asia (Efeso). El Apóstol no era un líder para los días felices, ni un predicador asalariado. El estaba con su pueblo siempre que había necesitado su servicio pastoral. Sus epístolas a los gálatas y a los corintios implican que había sido acusado por los judaizantes de predicar por dinero, por prestigio y por poder personal. Pablo afirmó a los ancianos que servía al Señor con humildad, por su interés en la gente

 APRENDIÓ BIEN DE SU BUENA MAESTRA 

Cuando yo era capellán del ejército atendí a un soldado moribundo, al cual yo conocía, y le pregunté si quería enviar a su madre algún mensaje conmigo.  Me contestó: “Sí. Por favor dígale que muero con toda felicidad”.  Le pregunté otra vez si quería algo más, y me dijo: “Sí.  Escriba usted, por favor, a mi maestra de la escuela dominical y dígale que muero con toda felicidad.” Le pregunté otra vez si quería algo más, y me dijo: “Sí.  Escriba usted, por favor, a mi maestra de la escuela dominical y dígale que muero como cristiano, fiel a Cristo; y que nunca olvidé las buenas enseñanzas que ella me dio”.  Yo conocía a esa maestra; y le escribí.  Pocas semanas después me contestó:”…¡Que Dios me perdone! ¡Que Dios me perdone! Pues hace un mes renuncié a mi cargo de maestra de escuela dominical, porque yo pensaba que mi trabajo con esos niños no servía ni valía para nada… e impulsada por mi cobarde corazón, y por falta de fe, abandoné a mis alumnos… y ahora recibo la carta de usted en la que me dice que mi enseñanza fue un medio para ganar un alma para Cristo… ¡Estoy decidida a trabajar otra vez en el nombre de Cristo, y le seré fiel hasta el fin de mi vida!

Publicado por el 22/09/2018. Categoría: amor, anecdotas

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